La
Didáctica es ciencia innovadora
La Didáctica como cualquier ciencia ha de ser
también innovadora no sólo por su carácter científico, sino por las exigencias
de cambio que demandan las necesidades e intereses de los contextos
socioculturales y educativos en los que se desarrolla. Si una innovación es
proyecto que mira hacia delante (De la Torre, 1995:7), la Didáctica tiene que
ser innovadora porque todos sus proyectos tienen carácter prospectivo. Además,
este mismo autor reconoce que se llama innovación no a cualquier cambio, sino a
aquél que representa alguna mejora. La Didáctica tiene que ser innovadora
porque su finalidad es conseguir el cambio perfectivo que supone formar
educativamente a los alumnos, lo que significa, hacerlos mejores en todas las
dimensiones de su persona.. Para ello el papel del profesor es fundamental y,
en consecuencia, su formación, sin la cual todo proyecto de cambio quedaría
menguado (Ibidem: 10).
Este mismo profesor (1995: 11) señala tres
conceptos fundamentales sobre la innovación: su carácter universal y humano,
pues, si admitimos el progreso humano, hemos de aceptar que el proceso
innovador es universal y consustancial a la naturaleza humana; su tendencia
pendular o cíclica, ya que existen períodos de mayor intensidad innovadora
seguidos de otros de carácter reproductor y la permanencia de estructuras, que
posibilitan las innovaciones o cambios sin impedir su normal funcionamiento.
Para Escudero (2000:14), la Educación ha de ser
entendida como una actividad innovadora, relacionada con el cambio y la
transformación, con la mejora social y humana. Lo contrario supondría recortar
su propia entidad, desconectarla de tiempos y demandas sociales, así como
también de los sujetos particulares a los que pretende servir y transformar y, para
Saturnino de la Torre (2000: 151), "una formación para el futuro, reclama
un currículum para el cambio y metodologías didácticas innovadoras".